jueves, 31 de octubre de 2019

El valor de educar y el Pensamiento Único

Actualmente en la sociedad desigual en la que vivimos existen múltiples pobrezas. Nos referimos no sólo a la pobreza económica que evidentemente es en la que pensamos primero, sino también a una compleja realidad de pobrezas que tiene que ver con carencias en la satisfacción de otras necesidades humanas. Entre ellas, una Pobreza de Protección que se refiere no sólo a cuestiones de inseguridad y violencia cotidiana sino también involucra el miedo a la inestabilidad, el miedo a la pérdida de empleo y el miedo a participar. Todas estas manifestaciones de violencia generan sensaciones de desamparo y soledad en un contexto de individualismo y desconfianza. En segundo lugar, entre las múltiples pobrezas, se encuentra una Pobreza de Participación Social en relación con los factores que reprimen nuevas formas de organización social fomentando el individualismo, la fragmentación y el escepticismo político.  En tercer lugar, una Pobreza de Comprensión que hace referencia a los factores sociales que nos dificultan la construcción de un conocimiento crítico sobre nuestro entorno cotidiano. Esta pobreza de entendimiento nos introduce en el mundo del pensar la realidad, en el mundo de la educación implicando la presencia de un concepto, que la autora del texto "El valor de educar en la sociedad actual y el "Talón de Aquiles" del pensamiento único" menciona, el Pensamiento Único. Llamado así a la manera de ver o analizar la realidad en que vivimos como la única que tiene que ser, como su nombre lo indica, y no puede ser de otra manera. Este pensamiento se expresa en categorías, en conceptos, en palabras que usamos para describir la realidad y tienden a desmovilizarnos y a partir de estas se va construyendo nuestro sentido común. También se apoyan en mecanismos que distorsionan el análisis de la realidad, por ejemplo el convertir en culpables de su propia situación de desamparo o el encontrar culpables a otros de la situación de pobreza. Estos mecanismos naturalizan la pobreza, la violencia y el desempleo considerándolos inevitables. La naturalización nos lleva a pensar que no hay otra solución, esto es así y no puede ser de otra manera.
Por ese entonces es nuestro deber y obligación como docentes romper esa estructura del pensamiento único. Para esto la autora manifiesta que existe un talón de Aquiles, es decir, que el pensamiento único tiene una debilidad y esta es la capacidad de los seres humanos de problematizar la realidad: nuestra capacidad de interrogar, cuestionar e interpelar la realidad. En nuestro caso, lograr que nuestros estudiantes desarrollen esa capacidad, se interroguen y cuestionen la realidad. 

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